jueves, 26 de enero de 2012

"No hay nada peor que saber que has perdido" Capítulo 7

Noté un beso en mi mejilla, suspiré y abrí mis ojos despacio, el sol me molestaba, ella estaba a mi lado, vestida con una camisa mía.
       - En tanto que de rosa y azucena se muestra la color en vuestro gesto, y que vuestro mirar ardiente, honesto, enciende al corazón y lo refrena-recité mientras ella sonreía.
       -Garcilaso de la Vega-dijo.
Me besó en los labios y se levantó de la cama.
       -Oh delicada Afrodita que envidias su belleza, en sus ojos azules quisiera yo nadar, sus labios rosados quisiera yo morder y su piel marmórea acariciar-volví a recitar mientras me miraba extrañada.
       -Ese no le conozco-admitió.
Me levanté y acaricié su mejilla.
       -Conoces al escritor, el mismo que anoche dibujaba sobre tu espalda.
Rió.
       -Debo irme a casa, tengo que hacer la maleta-dijo caminando hasta los pies de la cama.
Asentí mientras ella se quitaba mi camisa y volvía a ponerse el vestido azul.
Me besó y salió por la puerta.
Preparé un poco de café y me tomé una pequeña taza mientras leía el periódico que mi vecino había dejado tirado en la puerta.
< Hoy se estrena la obra de Daniel Macías “No hay nada peor que saber que has perdido”
Es escritor burgalés describió ayer durante una breve entrevista telefónica que la obra era solo un reflejo de los sueños rotos y la cruda realidad a la hora de intentar alcanzar la felicidad.
La joven actriz Iris Vega interpretará a Lina, la protagonista, una joven soñadora, el actor Santiago Suárez interpretará a Lucca, el director entorno al que gira esta trama de enredos amorosos dotados con una pizca de música compuesta por Jan Alameda, compositor conquense que prestó su música y letras a otros musicales como “La vida ERA maravillosa” y “¿Desde cuando somos hermanos?”
Les invito a verla, esta noche en el Nuevo Teatro Alcalá a las 10 de la noche.”

Sonreí al leer aquel artículo, doblé el periódico, terminé mi desayuno y me preparé para salir.
La mañana era soleada, el frío parecía estar en segundo plano, miré al sol y le sonreí dándole los buenos días, me sentía dichoso. Caminé evitando los charcos que la lluvia de la noche había dejado en el suelo.
Al llegar al teatro dos de los actores estaban en la puerta, fumando y charlando entre ellos, parecían preocupados.
       -Buenos días, señores-dije con una sonrisa.
       -Vaya-dijo Ana, mientras soltaba el humo del cigarro por su boca.- No parece que estés muy preocupado por la obra.
       -Ana, Ana, Ana… Soy de los que piensan que cuando un ensayo sale fatal, el estreno es sublime-comenté.
       -Esperemos que tengas razón, Marcel está llamando a los mil demonios…
Reí y pasé al teatro, la calefacción estaba encendida, una oleada de calor me recorrió y golpeó mis mejillas. Dejé mi chaqueta en una de las butacas de fuera y pasé al escenario con mi carpeta, Iris y Santi ensayaban la escena decisiva mientras Marcel, el director miraba desde una butaca.
Me acerqué hasta él y me senté a su lado mirando a los actores.
       -¿Cómo sale?-pregunté.
Marcel no respondió, cuando hubieron terminado me mandó avisar a los demás, todos pasaron y se sentaron en el escenario, como ordenó el director, me percaté de que Marcos no había llegado aún.
Aquel hombre mayor, se frotó las sienes.
       -Los odio-dijo.
La cara de los actores dibujó una sorpresa desconcertada.
       -Miren, los odio porque nunca, en la vida me había pasado algo así, ayer la obra era una cagada y hoy… estoy seguro de que será un éxito, los odio por eso… Señores, estoy muy mayor ya, no me pueden dar estos sustos, los infartos son inminentes.
Algunos rieron.
Iris me miró sonriente y me guiñó uno de sus ojos cristalinos.
       -Prepárense, la haremos entera, sin cortes, hay que provar las luces-dijo Marcel cogiendo su libreto.
Los jóvenes se levantaron y se metieron entre las grandes telas negras que colgaban a los lados del escenario.
Mientras las escenas pasaban mis ojos se perdían bajo las lágrimas que recordaban a mi querida Lina, recordé su cara, pequeña y risueña, su voz aterciopelada, su olor a canela y vainilla…
Al terminar sequé mis lágrimas y aplaudí, felicité a los actores y me despedí de ellos.
Salí del teatro y me paseé por la ciudad, me gustaba Madrid, estaba llena de gente, de historias aun por contar… ¿Quién sabía si una historia de amor tras una simple mirada furtiva? o ¿Una venganza tras un movimiento de cabeza?
En mi portal esperaba Marcos, entré respirando hondo y le saludé con un simple “Hola”.
       -Ella ha elegido-dijo.
Asentí.
       -No me gusta su elección, será todo lo feliz que quiera pero no puedo soportar que sea contigo… ¿Qué ha visto en ti?
       -Que no la utilizo para conseguir fama y dinero, que la quiero y se tratarla como se merece-dije sacando las cartas de mi buzón.
       -Amor… El amor no existe, la conveniencia sí, y a ella no le conviene estar con un fracasado, yo puedo ofrecerle lo que quiera.
       -Discrepo, ella quiere que la hagan sonreír con una simple mirada o un beso sincero-dije mirando mi correspondencia.
Se acercó a mí con gesto amenazante.
       -Déjala, no conseguirá nada si está contigo, te lo advierto, esta noche irán productores de cine, es una gran oportunidad para ella.
Suspiré.
       -Marcos, ¿Quieres que sea feliz?-Asintió.-Deja que haga lo que quiera.
       -Es mi última advertencia, puedo hacer que te detengan por cualquier cosa.
Subí las escaleras despacio notando la mirada de Marcos en mi nuca, suspiré y cerré los ojos con fuerza.

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