viernes, 13 de enero de 2012

"No hay nada peor que saber que has perdido" Capítulo 4

Tras salir del teatro subimos a mi apartamento.
       -Es imposible que llore en escena-dijo ella leyendo su libreto.
       -Nada es imposible para mí-dije.-Haz lo que yo te diga, estás en el suelo, desplomada, sin fuerzas.-tomó su posición.- Han jugado contigo, y por culpa de ese hombre estás en la calle… te has convertido en basura, nadie siente apego por ti… te han escupido, pateado, no le importas al mundo, has caído en lo más bajo, ya nada puede sacarte, no sabes lo que quieres, te has equivocado en la vida, te estás hundiendo por no rectificar, te estás haciendo daño a ti misma…
Hubo silencio.
       -¿Iris?-me agaché y cogiéndola de la barbilla la miré a la cara, estaba llorando.-Lo conseguiste.
Noté que era imposible que parase, la abracé y sollozó.
       -Lo siento… me he pasado.
       -No… me he sentido fatal… no ha sido tu culpa-dijo.
Se levantó y se secó las lágrimas, se sentó en la cama y suspiró.
       -La idea de traer tu obra fue mía-dijo.-Marcos quería financiar alguna obra y cuando leí la tuya publicada en tu blog me sentí identificada con Lina… No quiero a Marcos, sabía que estando con él me hundía y quise que financiara tu obra solo para conocer al escritor que sabía cómo plasmar lo que sentía, pasé el casting, sí, pero me dieron el papel gracias a Marcos, este papel me hará saltar a la fama. Estuve a punto de no hacerlo… no quería ser la enchufada, no había conseguido el papel por mis propios medios y quise dejarlo pero entonces tú apareciste, tú y tu manera de ver el mundo hicieron que me quedara.
       -Y gracias a eso nos conocimos-dije sentándome a su lado.
       -Sí, al principio pensé en desaparecer del mundo, huir, pero cuando te vi, cuando vi lo que tu mente escondía quise profundizar y conocerte, y por eso me enamoré de ti.
       -Soy escritor, mi forma de ver el mundo es diferente, ensalzo la belleza del alma por encima de cualquier cosa, se ver la felicidad en las tragedias y las tragedias en los momentos felices, si capte tu idea de ver el mundo, es porque en realidad no perteneces a él, no perteneces a esas cenas de gala, a las veladas de ópera y ballet… perteneces al mundo del arte por la libertad, de gritar ante el mundo que quieres ser feliz y vivir para trabajar, no trabajar para vivir.
Sonrió.
La besé, ella se tumbó, me pasó sus delicadas manos por debajo de la camiseta y poco a poco me desnudó, le quité el jersey y nos fundimos con las sábanas, el calor de mi pecho se hizo más intenso y noté que el vacío de mi estómago se llenaba.

Noté un olor a café recién hecho que hizo que me despertase, Iris estaba en mi escritorio.
       -Buenos días, señor escritor-dijo.
       -¿Hay café?-pregunté sentándome en la cama.
       -Sí, mientras dormías he ido a mi piso a cambiarme y a darme una ducha y de camino te he hecho la compra, tu nevera daba pena.
       -No hacía falta… ¿Tanto he dormido?
Rió.
       -Sí, no he querido despertarte, estabas guapísimo-dijo tras tomar un sorbo de café.
Me levanté y me serví una taza, la besé y vi que ojeaba algunos papeles.
       -¿Qué haces?-pregunté.
       -Le estoy echando un vistazo a las anotaciones sobre los actores… ¿De verdad soy demasiado dulce para hacer de Lina?-preguntó.
Reí.
       -Eres muy dulce, pero cuando escribí esto no sabía nada de tu lado salvaje, tengo un arañazo en la espalda-dije dándome la vuelta.
Ella rió a carcajadas.

De nuevo en el ensayo trabajamos la escena final, Iris consiguió llorar y que los allí presentes nos emocionásemos. Cuando terminó miré las caras de los actores, las lágrimas eran obvias en todos, aplaudieron con efusividad y el director se acercó a ella.
       -Esto es otra cosa-dijo.
La muchacha sonrió, me miró y me guiñó un ojo.

Los días pasaban y la obra ya estaba montada, tan solo unos retoques, todo parecía ir bien, Iris se inventaba excusas para escapar de Marcos y venir a verme a mi apartamento.

                                           ***

Me despedí de Daniel con un beso, y me fui a casa, tras el trayecto en metro y la caminata hasta mi bloque de apartamentos llegué a mi humilde morada.
Al abrir la puerta noté el calor agradable de la calefacción, cosa que me pareció extraña porque no recordaba haberla encendido aquél día.
Pasé al salón, al encender la luz mi corazón dio un vuelco.
       -Marcos, ¡Qué susto!-dije al verle.
Me quité la chaqueta y la dejé en el perchero.
       -¿Dónde has estado?-preguntó.
       -Paseando con Ana, hemos ensayado juntas en su casa y hemos salido a tomar el aire-mentí.
       -¿A pasear con Ana? Iris, sabes que odio la comida rápida, los animales y que me mientan.
Bufé.
       -¿Mentir? No estoy mintiendo.
Se sentó en el sofá.
       -Es simpático el escritor-dijo.
       -Es majo, así, y muy bueno, la obra va a quedar bien.
Asintió.
       -Es bueno escribiendo… ¿En la cama también lo es, Iris?-preguntó.
El corazón me dio un pinchazo y calló una gran piedra en mi estómago.
       -¿Qué? ¡Yo que sé! No sé ni para qué quieres saberlo-dije.
       -No, solo es curiosidad, no entiendo por qué mi novia prefiere a un escritor de obras baratas a mí.
       -¿Cómo?-pregunté sorprendida.
Se levantó y me cogió del brazo.
       -Os he visto, Iris, sé que me engañas con él, ¿Cuánto tiempo lleváis así? Creías que no me iba a enterar…
       -Marcos, me haces daño.-musité.
       -Eres solo una zorra, te di el papel que te hará saltar a la fama, te puedo dar todo lo que tu quieras ¿Qué le viste a él? Es un desgraciado que dedica su vida a algo tan inútil como es escribir… ¿Por eso me pediste que financiara la obra? Lo hice por ti, Iris, y ahora me has traicionado.
       -Solo a ti te interesa que salte a la fama, me llevas usando de marioneta desde siempre-dije con un hilo de voz.
Me soltó y respiró hondo.
Caminó por la habitación despacio.
       -¿Sabes que soy muy poderoso? Puedo inculpar de cualquier delito a tu amigo-dijo.
Me miré con desprecio.
       -No te atreverás-dije desafiante.
       -¿Ah, no? Puedo fingir un robo en mi casa, tengo cosas de mucho valor… y puedo decir que fue él el que me robó por despecho, no será la primera vez que lo hago, también puedo matarle.
Suspiré.
       -Si colaboras, dejaré en paz al escritor-dijo tras una pausa.
       -¿Qué quieres que haga?-pregunté sollozando.
       -Ve a verle y déjale, dile que se olvide de ti, que solo fue un juego, rómpele el corazón y olvídate de él.
Tragué saliva.
       -No puedo hacer eso-dije.
       -Debes hacerlo, Iris, sabes que conmigo estarás mejor que con un muerto de hambre-dijo él acariciándome la mejilla.
Asentí.
Noté un gran vacío dentro de mí, como si no pudiera respirar, mi pecho se comprimía.

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