Mi cabeza estaba a punto de estallar,
me froté las sienes con las yemas de los dedos y coloqué mis papeles en la
carpeta.
Llamaron a la puerta, me levanté
despacio y abrí.
Iris estaba en el pasillo, tenía
los ojos hinchados de llorar, aún sus mejillas estaban húmedas y su mentón temblaba.
-Iris, ¿Qué ocurre?-pregunté.
La fui a abrazar y ella se
apartó.
-Lo-lo siento-dijo con un hilo de voz.
-¿Qué sientes?
-Tienes que olvidarte de mí, no podemos
seguir con esto.
Respiré hondo.
-¿Qué? ¿Te pasa algo?
Ella sollozó.
-No podemos estar juntos, para
mí…-respiró y volvió a sollozar.-solo fuiste un… juego.
-¿Cómo? No entiendo nada. Dime la
verdad.
-Esa es la verdad, Daniel… solo fue un
capricho… me he dado cuenta de que en realidad sigo enamorada de Marcos…
No podía creerla, sabía que había
pasado algo.
-Después de todo lo que hemos
pasado-dije.
Puse mis manos en sus mejillas e
intenté levantar su mirada.
-Mírame a los ojos y dime que no me
amas.
Se soltó y se dio media vuelta.
-Olvídate de mí… lo siento.
Se perdió por las escaleras y yo
me quedé allí plantado, las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, un vacía
llenaba mi pecho, el calor había desaparecido dejando paso al frío.
Cerré la puerta bruscamente y
derramé mis papeles de un golpe, le dí varios puñetazos a la pared y luego caí
sentado en la cama, llorando como un niño.
Me limpié las lágrimas con el
dorso de la mano y me pasé los dedos por el pelo.
Me sentía destrozado, muerto.
Por la mañana, en el teatro Iris
ni siquiera me miró, Marcos parecía crecido en su ego.
Ya puedes hijo de puta. Pensé.
Cada vez que él la besaba una
bestia se me despertaba en el interior, sentía ganas de partirle la cara, pero
no podía hacerlo. Además de jugarme mi obra ya sabía que ella había elegido.
Mi instinto me decía que no era
algo real, que no lo pensaba así, pero no encontraba ninguna explicación a ese
cambio repentino.
Me encontré a Iris sola en el
pasillo ensayando sus frases, la tomé del brazo y me escondí con ella tras una de
las cortinas.
-Dijiste que pensabas como yo, que tu
alma no pertenecía a este mundo, ¿Por qué eliges vivir así?-pregunté.
-Suéltame-ordenó.-Yo nunca podría pensar
así. Pon los pies en la tierra, Daniel, el alma no te da de comer.
Se soltó bruscamente y se fue.
Apreté las mandíbulas y suspiré.
Esta vez parecía segura de lo que
decía pero esa vocecita de mi interior me decía que era mentira, que no había
verdad en sus palabras.
Volví a la sala, los demás
seguían ensayando, cogí mi libreto y reparé en el título, cuánta razón había en
esas palabras.
“No hay nada peor que saber que
has perdido”
Y yo había perdido, y de qué
manera.
Los días pasaban, los ensayos se
habían vuelto desastrosos, Iris había perdido su habilidad, en las canciones
solo un hilo de voz, olvidaba el texto y no ponía empeño en las acciones.
-No, no, no, ¡No! ¿Qué ocurre acá? Parecés un pato mareado, drogadicto y
medio borracho. El estreno es mañana y esto se nos va al carajo-gritó Marcel al
ver la terrible actuación de Iris.
-Tal vez habría que posponerlo-dijo
ella.
-Imposible.-dije serio.-Por unos
estúpidos fallos no podemos posponer nada, el estreno está fijado para mañana,
si no sabes hacer bien tu trabajo no es culpa de los demás.
Bajó la mirada, me sentí mal por
decir eso, pero era mejor esa apariencia arrogante a la de doliente amante.
-Esto se nos va a la mierda y no podemos
hacer nada… me siento como el capitán del Titanic-dijo don Marcel.-Señores,
recuerden el día de mañana, como el día de la ruina del teatro. No nos queda
otra que rezar los creyentes y beber los ateos. Buena suerte-dijo cogiendo sus
papeles.
Se puso la chaqueta y salió de la
sala sin decir nada más.
Los actores recogieron
sorprendidos, suspiré, me puse la gabardina y caminé hacia la puerta colocando
mis papeles.
Iris hablaba con Marcos sobre una
cena que tendrían aquella noche, me guardé las manos en los bolsillos y salí
sin mirar a nadie a la cara.
Tras salir de la sala vi el bolso
de Iris colgado en una de las barandillas, me acerqué y sin que nadie me viera
saqué su teléfono, miré los mensajes de los días anteriores, todos de Marcos,
ninguno suyo de respuesta, sabía que pasaba algo raro, pero no el qué.
Estuve cavilando toda la tarde,
recordé la cara que ponía ella siempre que estaba cerca de Marcos, ojeé algunas
anotaciones suyas en mi libreto, días antes de dejarme su letra era redonda,
dos días después le pedí que anotara unas acciones en mi libreto y la letra se
volvió más curvada.
Me percaté de que su tono de voz
se había vuelto oscuro y pesado, había cambiado mucho y no me imaginaba el por
qué.
***
Marcos me esperaba junto a la
puerta, recogí todo y fui hacia él limpiándome las lágrimas.
-Solo necesitas descansar-dijo.
Asentí.
-He preparado una cena para esta noche,
tú y yo solos en mi casa, tengo que hablar contigo-dijo mientras acariciaba mi
pelo.
Vi a Daniel salir sin levantar la
mirada del suelo, sentí ganas de gritarle la verdad, pero su vida correría
peligro y la mía también.
Desde que le había roto el
corazón me sentía adormilada, nada de lo que hacía se correspondía conmigo, no
era responsable de mis actos, un murmullo atormentaba mi cabeza.
Llegué a casa de Marcos, me abrió
la puerta sonriente y me invitó a pasar, dejé mi chaqueta en el perchero y me
miré en el espejo grande de la entrada.
Allí estaba yo, pero tras ese
maquillaje, el vestido azul, reluciente, los zapatos caros y las pulseras
brillantes, se escondía un alma torturada.
Sonreí falsamente, me senté en mi
sitio y Marcos enfrente de mí, descorchó el champan y su cocinera nos sirvió
la cena.
-Mañana es el gran estreno, estoy seguro
de que lo harás genial, estos últimos días han sido solo contratiempos-dijo.
Asentí tomando un ligero sorbo de
mi copa.
-He invitado a directivos de teatro y productores a la representación, cuando te vean actuar te lloverán los
trabajos, serás famosa en el mundo entero.
-No sé si quiero serlo-dije.
-¿Cómo que no? Eres especial, Iris, una
gran actriz, tienes una voz magnífica, te ganaras el reconocimiento de todos,
viajarás por el mundo, actuarás en grandes teatros, incluso en el cine.
No dije nada, él me tomó de la
mano.
-Yo… no pertenezco a este mundo…-dije.
-¡Pues claro que no!-exclamó.-
Perteneces al mundo del espectáculo.
Cenamos sin mediar palabra, al
final de la cena me acompañó al sofá, se sentó a mi lado y me besó la mejilla.
-Iris, tú y yo seremos grandes, me
gustaría estar contigo para siempre-dijo.
Buscó en su chaqueta una cajita y
luego la puso en mis manos.
No, no, no, no…Pensé.
-¿Querrías convertirte en mi
esposa?-preguntó.
Abrí la cajita y vi un anillo de
diamantes, había aguantado demasiado, cerré la caja y me levanté.
-No puedo-dije.
-¿Es ese escritor?-preguntó.
No dije nada.
-No te quiere, Iris, te utiliza para su
obra, cuando acabe ya no querrá saber nada de ti-dijo cogiéndome de las manos.
Me solté.
-¡Eres tú el que me utiliza! Se acabó,
Marcos, no pienso ser más tu muñequita. Yo no soy esto, soy como él, ese es mi
mundo.
Salí del salón corriendo, cogí mi
chaqueta y salí a la calle, oí su voz llamándome, pero algo dentro de mi se
despertó.
Estaba lloviendo, hacía frío.
Mientras me mojaba entera grité, tan fuerte que pensé que me dañaba la
garganta.
La gente se quedó mirándome.
Parecía haber despertado de ese letargo, corrí por la acera, me dejé llevar por
mis pasos hasta que sin pensarlo acabé frente al teatro.
-Daniel.-susurré.
Sonreí y salí corriendo hacia su
apartamento.
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