sábado, 14 de enero de 2012

"No hay nada peor que saber que has perdido" Capítulo 5


Mi cabeza estaba a punto de estallar, me froté las sienes con las yemas de los dedos y coloqué mis papeles en la carpeta.
Llamaron a la puerta, me levanté despacio y abrí.
Iris estaba en el pasillo, tenía los ojos hinchados de llorar, aún sus mejillas estaban húmedas y su mentón temblaba.
       -Iris, ¿Qué ocurre?-pregunté.
La fui a abrazar y ella se apartó.
       -Lo-lo siento-dijo con un hilo de voz.
       -¿Qué sientes?
       -Tienes que olvidarte de mí, no podemos seguir con esto.
Respiré hondo.
       -¿Qué? ¿Te pasa algo?
Ella sollozó.
       -No podemos estar juntos, para mí…-respiró y volvió a sollozar.-solo fuiste un… juego.
       -¿Cómo? No entiendo nada. Dime la verdad.
       -Esa es la verdad, Daniel… solo fue un capricho… me he dado cuenta de que en realidad sigo enamorada de Marcos…
No podía creerla, sabía que había pasado algo.
       -Después de todo lo que hemos pasado-dije.
Puse mis manos en sus mejillas e intenté levantar su mirada.
       -Mírame a los ojos y dime que no me amas.
Se soltó y se dio media vuelta.
       -Olvídate de mí… lo siento.
Se perdió por las escaleras y yo me quedé allí plantado, las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, un vacía llenaba mi pecho, el calor había desaparecido dejando paso al frío.
Cerré la puerta bruscamente y derramé mis papeles de un golpe, le dí varios puñetazos a la pared y luego caí sentado en la cama, llorando como un niño.
Me limpié las lágrimas con el dorso de la mano y me pasé los dedos por el pelo.
Me sentía destrozado, muerto.

Por la mañana, en el teatro Iris ni siquiera me miró, Marcos parecía crecido en su ego.
Ya puedes hijo de puta. Pensé.
Cada vez que él la besaba una bestia se me despertaba en el interior, sentía ganas de partirle la cara, pero no podía hacerlo. Además de jugarme mi obra ya sabía que ella había elegido.
Mi instinto me decía que no era algo real, que no lo pensaba así, pero no encontraba ninguna explicación a ese cambio repentino.
Me encontré a Iris sola en el pasillo ensayando sus frases, la tomé del brazo y me escondí con ella tras una de las cortinas.
       -Dijiste que pensabas como yo, que tu alma no pertenecía a este mundo, ¿Por qué eliges vivir así?-pregunté.
       -Suéltame-ordenó.-Yo nunca podría pensar así. Pon los pies en la tierra, Daniel, el alma no te da de comer.
Se soltó bruscamente y se fue.
Apreté las mandíbulas y suspiré.
Esta vez parecía segura de lo que decía pero esa vocecita de mi interior me decía que era mentira, que no había verdad en sus palabras.
Volví a la sala, los demás seguían ensayando, cogí mi libreto y reparé en el título, cuánta razón había en esas palabras.
“No hay nada peor que saber que has perdido”
Y yo había perdido, y de qué manera.

Los días pasaban, los ensayos se habían vuelto desastrosos, Iris había perdido su habilidad, en las canciones solo un hilo de voz, olvidaba el texto y no ponía empeño en las acciones.
       -No, no, no, ¡No! ¿Qué ocurre acá? Parecés un pato mareado, drogadicto y medio borracho. El estreno es mañana y esto se nos va al carajo-gritó Marcel al ver la terrible actuación de Iris.
       -Tal vez habría que posponerlo-dijo ella.
       -Imposible.-dije serio.-Por unos estúpidos fallos no podemos posponer nada, el estreno está fijado para mañana, si no sabes hacer bien tu trabajo no es culpa de los demás.
Bajó la mirada, me sentí mal por decir eso, pero era mejor esa apariencia arrogante a la de doliente amante.
       -Esto se nos va a la mierda y no podemos hacer nada… me siento como el capitán del Titanic-dijo don Marcel.-Señores, recuerden el día de mañana, como el día de la ruina del teatro. No nos queda otra que rezar los creyentes y beber los ateos. Buena suerte-dijo cogiendo sus papeles.
Se puso la chaqueta y salió de la sala sin decir nada más.
Los actores recogieron sorprendidos, suspiré, me puse la gabardina y caminé hacia la puerta colocando mis papeles.
Iris hablaba con Marcos sobre una cena que tendrían aquella noche, me guardé las manos en los bolsillos y salí sin mirar a nadie a la cara.
Tras salir de la sala vi el bolso de Iris colgado en una de las barandillas, me acerqué y sin que nadie me viera saqué su teléfono, miré los mensajes de los días anteriores, todos de Marcos, ninguno suyo de respuesta, sabía que pasaba algo raro, pero no el qué.
Estuve cavilando toda la tarde, recordé la cara que ponía ella siempre que estaba cerca de Marcos, ojeé algunas anotaciones suyas en mi libreto, días antes de dejarme su letra era redonda, dos días después le pedí que anotara unas acciones en mi libreto y la letra se volvió más curvada.
Me percaté de que su tono de voz se había vuelto oscuro y pesado, había cambiado mucho y no me imaginaba el por qué.

                                            ***

Marcos me esperaba junto a la puerta, recogí todo y fui hacia él limpiándome las lágrimas.
       -Solo necesitas descansar-dijo.
Asentí.
       -He preparado una cena para esta noche, tú y yo solos en mi casa, tengo que hablar contigo-dijo mientras acariciaba mi pelo.
Vi a Daniel salir sin levantar la mirada del suelo, sentí ganas de gritarle la verdad, pero su vida correría peligro y la mía también.
Desde que le había roto el corazón me sentía adormilada, nada de lo que hacía se correspondía conmigo, no era responsable de mis actos, un murmullo atormentaba mi cabeza.

Llegué a casa de Marcos, me abrió la puerta sonriente y me invitó a pasar, dejé mi chaqueta en el perchero y me miré en el espejo grande de la entrada.
Allí estaba yo, pero tras ese maquillaje, el vestido azul, reluciente, los zapatos caros y las pulseras brillantes, se escondía un alma torturada.
Sonreí falsamente, me senté en mi sitio y Marcos enfrente de mí, descorchó el champan y su cocinera nos sirvió la cena.
       -Mañana es el gran estreno, estoy seguro de que lo harás genial, estos últimos días han sido solo contratiempos-dijo.
Asentí tomando un ligero sorbo de mi copa.
       -He invitado a directivos de teatro y productores a la representación, cuando te vean actuar te lloverán los trabajos, serás famosa en el mundo entero.
       -No sé si quiero serlo-dije.
       -¿Cómo que no? Eres especial, Iris, una gran actriz, tienes una voz magnífica, te ganaras el reconocimiento de todos, viajarás por el mundo, actuarás en grandes teatros, incluso en el cine.
No dije nada, él me tomó de la mano.
       -Yo… no pertenezco a este mundo…-dije.
       -¡Pues claro que no!-exclamó.- Perteneces al mundo del espectáculo.
Cenamos sin mediar palabra, al final de la cena me acompañó al sofá, se sentó a mi lado y me besó la mejilla.
       -Iris, tú y yo seremos grandes, me gustaría estar contigo para siempre-dijo.
Buscó en su chaqueta una cajita y luego la puso en mis manos.
No, no, no, no…Pensé.
       -¿Querrías convertirte en mi esposa?-preguntó.
Abrí la cajita y vi un anillo de diamantes, había aguantado demasiado, cerré la caja y me levanté.
       -No puedo-dije.
       -¿Es ese escritor?-preguntó.
No dije nada.
       -No te quiere, Iris, te utiliza para su obra, cuando acabe ya no querrá saber nada de ti-dijo cogiéndome de las manos.
Me solté.
       -¡Eres tú el que me utiliza! Se acabó, Marcos, no pienso ser más tu muñequita. Yo no soy esto, soy como él, ese es mi mundo.
Salí del salón corriendo, cogí mi chaqueta y salí a la calle, oí su voz llamándome, pero algo dentro de mi se despertó.
Estaba lloviendo, hacía frío. Mientras me mojaba entera grité, tan fuerte que pensé que me dañaba la garganta.
La gente se quedó mirándome. Parecía haber despertado de ese letargo, corrí por la acera, me dejé llevar por mis pasos hasta que sin pensarlo acabé frente al teatro.
       -Daniel.-susurré.
Sonreí y salí corriendo hacia su apartamento.

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