lunes, 9 de enero de 2012

"No hay nada peor que saber que has perdido" Capítulo 1

Me gustaba las formas que hacía la lluvia en mi ventana, Madrid se veía precioso bajo ese manto de agua, las luces de la ciudad parecían disolverse. Desde mi pequeño ático se podía ver la ciudad entera, era un apartamento de una sola habitación y un minúsculo baño, hasta él llegaba cierto olor a pizza a partir de las 6 de la tarde.
Había conseguido un trabajo y me había tenido que trasladar desde Burgos hasta la capital. Hacía unos días había recibido una llamada de un productor de teatro, quería preparar una de mis obras con una pequeña compañía. Era la primera obra mía que se representaba.
Aquel día el sol brillaba tras la lluvia pero en el ambiente no se notaba, hacía demasiado frío, el viento movía mi cabello despeinándolo poco a poco.
Salí a la calle, caminé deprisa, escondiendo mis orejas en mi gabardina, sujeté bajo mi brazo mi carpeta marrón y llegué al teatro, era un poco pequeño, pero muy famoso por el centro.
Mis mejillas agradecieron entrar en el edificio, un hombre de pelo marrón, barba recortada y vestido con camisa y corbata, hablaba por teléfono, al verme entrar colgó y se acercó a mí.
       -¿Puedo ayudarte?-preguntó.
       -Soy Daniel Macías, el escritor-me presenté.
       -Adelante, yo soy el dueño del teatro, en la sala encontrarás al productor y a la compañía.
Me acompañó hasta la sala, era cálida y agradable, me desabroché la gabardina y caminé por la alfombra granate hasta el escenario. Frente a mí estaban los actores, todos jóvenes, dos hombres se acercaron a mí, reconocí a uno de ellos, era el productor con el que hablé.
       -Hola Daniel, soy el productor, hablamos hace días-se presentó.
       -Lo recuerdo-dije.-Marcos Samaniegos ¿no?
Asintió.
       -Este es el director, Marcel Cappilo-dijo señalando al otro hombre.
Le di la mano efusivamente y sonreí.
       -Hola, me gustó su obra, es muy sentimental, un melodrama de los que ya no hay-dijo con un claro acento argentino.
       -Y estos, Daniel-dijo señalando a los jóvenes.-Son los actores.
       -Ho-hola a todos… soy el escritor de la obra, Daniel Macías.
       -Cuando queráis empezamos a trabajar-dijo el director.
Los actores se mostraron receptivos y se levantaron cogiendo sus libretos.
La puerta se abrió y allí apareció ella. ¿Sabéis eso de que cuando conoces a la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida, notas una llama en tu interior? Eso fue lo que me ocurrió, noté un calor en el pecho, ella pasó avanzando rápidamente hasta la primera fila, se quitó su abrigo rojo y dejó al descubierto su pelo castaño claro que sobrepasaba sus hombros y se deslizaba por su espalda, subió al escenario disculpando su tardanza y entonces pude ver sus ojos claros, de un azul turquesa muy marítimo, Marcos, el productor la tomó por el brazo y la llevó a parte, no pude evitar escuchar su conversación.
       -¿Dónde has estado? Llegas tarde-dijo.
       -Lo siento, he tenido un problema con el transporte, había huelga en el metro y he venido en autobús-explicó ella.
       -Iris, no me gustan las tonterías, no te juegues tu papel… es muy importante para los dos.
       -Lo siento, no volverá a pasar.
El ensayo comenzó, los actores se sentaron en semicírculo y el director se puso a mi lado.
       -Bueno, señor Macías-dijo.
       -Llámame Daniel.
       -Bueno Daniel, ¿Quiere explicarnos su obra?
Asentí y abrí mi libreto, leí aquella primera frase: “no hay nada peor que saber que has perdido” y suspiré.
       -La historia comienza con la llegada de Lina a la ciudad, llega para cumplir su sueño de ser una gran cantante, es un personaje soñador, optimista pero que a lo largo de la obra cambia mucho.
“Lina lucha como puede para poder cantar en un gran escenario, pero nada de lo que hace es suficiente, allí conoce a Maia, una de las chicas que trabaja con ella en el Jazz Café, ella le dice que para conseguir lo que quiere debe frecuentar a personas de la alta cima como el señor Lucca, un director italiano que solo se fija en la chica por su belleza, ni siquiera le interesa oírla cantar.”
“Maia le sugiere que se acueste con él para que la deje cantar en un espectáculo, Lucca la engaña, prometiéndole ser la estrella, tras aprovecharse de la chica la deja abandonada.”
“Ella aprende a no fiarse de cualquiera y vuelve a intentar conseguir un sitio en el mundo de la farándula, pero esta vez no luchando con su voz, sino con su cuerpo, pasa por varias camas de directores y cantantes hasta que se da cuenta de que por querer cumplir su sueño por encima de todo, se ha acabado convirtiendo en una ramera infame.”
“Ahí es cuando hace su monólogo dramático y decide suicidarse, Maia la intenta persuadir pero ella busca a Lucca y se suicida cortándose las venas delante suyo.”

Cuando terminé de hablar los miré a todos, parecían impresionados.
       -Bien-proseguí.- ¿Quién será el malvado Lucca?
Un chico moreno, alto y con los ojos muy grandes se levantó y me miró directamente.
       -Seré yo, me llamo Santi-se presentó.
Asentí.
       -Yo seré Maia, me llamo Ana-dijo una muchacha de pelo rubio, delgada y de corta estatura.
       -Yo interpretaré el papel de Alberto, uno de los directores que se aprovecha de Lina, mi nombre es Pedro-dijo uno de los chicos, rubio, con la cara muy redonda y un poco rechoncho.
       -¿Quién interpretará a Lina?-pregunté sonriente al ver el entusiasmo de los actores.
       -Seré yo-dijo una voz suave.
Era ella, se levantó de su sitio, al lado del que se hacía llamar Pedro y otra muchacha de la compañía.
       -Mi nombre es Iris.
Iris… hasta su nombre era melódico, e iba a interpretar a la protagonista.
       -Daniel, Iris es nuestra mejor actriz, ha estado nominada varias veces a los “Premios de Teatro Musical”, una de ellas ganó como mejor actriz protagonista-dijo Marcos.
Suspiré y sonreí mientras la contemplaba.
       -Bien, comencemos a trabajar-dijo el director.- Iris, comencemos por la escena en la que Lucca cena contigo y te promete ser la estrella.
Todos se levantaron y dejaron el escenario libre, el actor que interpretaba a Lucca y ella se quedaron justo en el centro con los libretos en la mano. Me levanté y me coloqué al lado del director, en el patio de butacas.
       -Lina… Ah… que nombre más musical… estoy seguro de que tienes una gran voz-decía él.
       -¿Quiere oírme cantar?
       -No… aun no, dejémoslo para más tarde… Ah… solo con tu nombre podrías llenar un cartel… Lina, la estrella que más brilla del cielo.
       -Eso es precioso señor Lucca.
       -Es la verdad, ni la luz de un faro puede compararse a la belleza que emana tu sonrisa, querida Lina.
       -¿Usted cree que podría ser estrella de cartel?
       -Todo depende de cómo juegues tus cartas, pequeña.
       -Jugaré las cartas que sean para conseguirlo.
El texto estaba bien, la entonación era la adecuada pero no la mirada y las acciones… Me levanté de mi sitio y corté la escena.
       -Muy bien, pero no es del todo buena… Lucca dice cosas preciosas, pero es mentira-le dije a Santi.-Mírala con indiferencia, en realidad solo crees que está buena, te la quieres llevar a la cama y no sabes cómo, pero eres un galán, ante todo-él asintió.-Y tú… tú eres muy enamoradiza, un tío rico, italiano y galante te está llamando guapa y que eres como una estrella, créetelo, debes mirarle como si quisieras casarte con él… no se si me explico…
Me acerqué a ellos, cogí a Iris de la mano, mi corazón se sobrecogió y noté un calor que me recorría la espalda.
       -Debes mirarle enamorada-dije mientras la miraba a los ojos.
Ella sonrió y su mirada traspasó mis ojos hasta hacerse un hueco en mi corazón. Hubo silencio, sentí su respiración, luego Marcos carraspeó y ella bajó la mirada.
       -Creo que es así como mejor se deduce la situación-dije bajando del escenario sin dejar de mirar el suelo.
Volvieron a hacer la escena, esta vez salió mejor.
Terminamos el ensayo y recogí mis papeles, ella cogió su abrigo, que estaba a mi lado y Marcos se acercó.
       -¿Vas a tu casa?-le preguntó.
       -No, he quedado con una amiga para tomar un café-dijo ella.
       -Te llevo.
       -Me gustaría ir andando, sabes que adoro la lluvia-sonrió.
       -Pero no pilles una pulmonía-dijo él acariciando su pelo.
La besó, noté un nudo en el estómago, y luego él desapareció por la puerta.
Salí del teatro escondiéndome, de nuevo en mi gabardina, me mojaba los hombros pero me gustaba, me hacía sentir humano. Caminé despacio alejándome del lugar, oí mi nombre varias veces, me di la vuelta y la vi corriendo hacia mí con un paraguas negro.
       -Señor Macías se va a coger un resfriado-dijo al llegar a mi altura.
Sonreí.
       -Soy inmune a las dolencias humanas, mi alma va más allá-dije.
Ella rió.
Me metí bajo el paraguas.
       -¿Hacia dónde va?-preguntó.
Señalé una callejuela por la que había venido.
       -Le acompaño.
Caminamos juntos bajo la lluvia.
       -Si no te importa, llámame Daniel, el señor Macías es mi padre.
       -Está bien… ¿Qué edad tienes, Daniel?-pregunto.
       -26 ¿Tú?
       -23, llevo desde los 18 en el teatro profesional.
       -¿Hace cuanto conoces a Marcos?
       -Desde hace 3 años, llevamos saliendo solo uno, y no, no tengo el papel gracias a él, pasé el casting, como los demás, era el director el que decidía-explicó.-No me gusta que me den el trabajo hecho.
       -Ya somos dos, eres muy buena actriz… cuando te he visto antes…
       -Se ha quedado sin palabras, lo he notado, yo y todos los de la compañía-dijo entre risas.
       -Las canciones serán lo más difícil de preparar. Eso debo supervisarlo personalmente con cada uno de los personajes.
       -Yo podría empezar mañana mismo-dijo lanzada.
Asentí y paré en seco.
       -Bueno, ya he llegado a mi destino… mi pequeño apartamento… bueno, más bien habitación.
Rió.
Nuestras miradas se cruzaron, por un instante pensé en besarla hasta que recordé la realidad, ella estaba con Marcos y no me venía bien que me suspendieran la obra por idiota, además, por muy bella que fuese, no sentía lo mismo por mí.
       -Como pase más tiempo aquí afuera me congelaré-dije.
Ella sonrió, nos despedimos y la vi marcharse caminando lentamente, casi levitando.
Subí a mi apartamento, dejé mi carpeta en el escritorio y me quité la gabardina dejándola en el sillón, me tumbé en la cama y con las manos en la cabeza me quedé mirando una marca del techo desconchado.
       -Ah, Iris-susurré.-Iris… Iris… Iris…
Sonreí inconscientemente.

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