Iris había salido y había dejado una nota, diciendo que nos veríamos en el estreno.
Guardé mis últimas anotaciones y papeles en mi carpeta marrón y metí esta en el fondo de la maleta, guardé toda mi ropa y recogí mis cosas del apartamento, cuando ya había cerrado la cremallera de la maleta levanté la mirada y vi mi deprimente casa aún más deprimente, ya no había libros en la estantería, la mesa volvía a su estado normal, sin papeles por encima, mi cama ya no tenía esa pila de ropa… pero el olor a pizza era insistente, sonreí vagamente.
Salí a la calle cargado con mis cosas, dejé en el portal la maleta y la mochila y me acerqué a la pizzería, al entrar vi el ajetreo que tenían, me acerqué a la barra, allí estaba mi gran amigo Tino.
Me acerqué a él y le tendí la mano.
-Ha sido un placer conocerte-dije.
-¿Te marchas?-preguntó sorprendido.
Asentí.
Salió de la barra de un salto y me abrazó, me sorprendí de su reacción y suspiré reprimiendo una lágrima.
-Te echaré de menos… nunca nadie me entendió como tú-dijo.
Entonces en sus ojos vi el por qué de esa reacción, Tino había trabajado en es pizzería desde sus inicios pero nunca había tenido a nadie que escuchase sus problemas, tal vez tuvo que aparecer una alma en su vida que le tratase como se merecía.
Tras despedirme de él volví a por mi maleta y me subí a un taxi que me llevó al teatro, los actores estaban en sus camerinos dándose los últimos retoques, yo fui directamente al camerino de Iris.
Encontré sus zapatos en el suelo y sus cosas de maquillaje en el tocador pero allí no había rastro de ella.
El director reclamó mi presencia, estaba aclarando con uno de los actores una de las acciones.
Vi a mi protagonista a lo lejos entrando en su camerino, me miró y me sonrió, fui hacia una mesa en la que alguien había dejado un jarro de flores, cogí un clavel y llamé a su puerta, me abrió mientras se recogía el pelo con una horquilla.
-Una flor para la estrella del espectáculo-dije dándole la flor.
Ella la cogió y la dejó en el tocador, me miró sonriente y me besó en los labios.
-Cuando la obra termine comenzará nuestra nueva vida-dijo.
-Mucha suerte, tengo que irme al patio de butacas.
La volví a besar y me marché.
Cerré la puerta y olí el clavel rojo que había dejado sobre el tocador, me senté y me froté la esponjita del maquillaje por la mejilla, llamaron a la puerta otra vez y abrí creyendo que Daniel volvía, pero el regidor esperaba en el pasillo con un ramo de rosas.
-Iris, te han mandado este ramo, prepárate rápido, comenzamos en cinco minutos-dijo.
Cogí el ramo y lo dejé junto al clavel, miré entre las flores y descubrí una pequeña tarjeta rosa.
“Un ramo de rosas para la flor del espectáculo, Amor mío siento haber sido un idiota, lo único que me importa es hacerte feliz, tras la función he reservado en el mejor restaurante de Madrid, te recogeré en tu camerino.
Te Amo
Marcos”Rompí la tarjeta y cogí un papel de mi libreto, busqué en mi bolso un bolígrafo y me puse a escribir.
“Has tenido tiempo para darte cuenta, no quiero tus rosas, ni tu dinero, ni tus cenas caras, ni tus joyas, espero que lo entiendas, quiero ser libre y junto a ti me es imposible.
Me voy para siempre, no puedo decir que te echaré de menos, ni siquiera que te extrañaré, solo puedo decirte adiós, hasta siempre Marcos.”Dejé la tarjeta junto a las rosas y salí del camerino hasta el escenario, respiré hondo y miré tras el telón, en primera fila se encontraba Marcos, rodeado de peces gordos, unas filas más atrás sentado estaba Daniel rompiendo nervioso el programa de mano.
La obra comenzó, todo parecía ir bien, Iris brillaba, Santi parecía muy metido en su papel, la voz de Ana sonaba limpia y perfecta. Fue un éxito.
Al terminar los críticos y productores se acercaron a felicitarme, tras contestar a algunas preguntas aclarativas entré a los camerinos, todos los actores se felicitaban, Marcel me abrazó, los felicité a todos y vi salir a Iris de su camerino, cargada con la maleta y mi clavel.
Algunos críticos se acercaron a ella, tras darle la enhorabuena me hizo una señal para que saliésemos por la puerta trasera.
Me disculpé y fui hacia el armario donde había dejado mis cosas, las recogí, miré a todos los presentes que se felicitaban y se abrazaban, sonreí con melancolía y caminé despacio hacia la puerta, donde ella me esperaba, me besó en la mejilla y salímos a la calle, un taxi nos llevó hasta el aeropuerto y desde el avión pude ver por última vez las luces de la ciudad de Madrid que había hecho cambiar mi vida, ella me tomó la mano y se acurrucó junto a mí, sonreí, al fin podía respirar libre.
Entré al camerino de Iris, estaba vacío, encima del tocador estaba el ramo que le mandé con una nota escrita, la leí y tras ver lo que había escrito la arrugué con rabia.
De un golpe tiré el ramo al suelo, pateé el mobiliario y grité.
Ese escritor se había salido con la suya, entonces mi corazón se estremeció, caí de rodillas al suelo y lo entendí todo.
No era yo el que sufría, me había convertido en un monstruo, solo quería hacerla feliz, pero a qué precio, ahora lo entendía…
No hay nada peor que saber que has perdido.Los flases de las cámaras me cegaban, gracias a la obra de teatro Iris había conseguido todo lo que se merecía, yo seguía escribiendo guiones para algunos musicales y había conseguido vender una de mis historias para una película, todo marchaba bien.
La alfombra roja se extendía bajo nuestros pies, la gente gritaba en la calle de aquel gran cine de Nueva York y ella no podía estar más guapa.
Luces, flases, risas y adrenalina,
sus ojos al fin brillaban como debian, bajo las luces neoyorkinas.
Amor, besos, caricias y sonrisas furtivas
al fin podíamos vivir juntos esta historia.
Fin
Espero que os haya gustado.
Pilar Rivera.