jueves, 12 de enero de 2012

"No hay nada peor que saber que has perdido" Capítulo 3


Salimos del teatro, cerré la puerta con la llave que el dueño me había dejado para los ensayos con los cantantes, caminamos sin decir ni una sola palabra.
       -Es muy tarde, creo que como no corra hasta la estación, perderé el bus-dijo ella.
Asentí.
Volvió a besarme y se marchó doblando la esquina.
Subí a casa y cerré la puerta lentamente, me quité la gabardina, dejé mi carpeta y me senté en el sillón, cerré los ojos con fuerza y suspiré.
Aquel calor que sentía cuando estaba con ella se hizo más intenso, me pasé los dedos por los labios y sonreí.
Mi teléfono sonó en mi gabardina, le busqué rápido y vi su nombre brillando en la pantalla. Contesté.
       -¿Sí?
       -Prefiero perder el bus, asómate a la ventana-dijo ella.
Colgó.
Dejé el teléfono en la mesa y me acerqué a la ventana que daba a la calle, allí estaba, mirando hacia arriba sonriente, abrí la ventana y saqué la cabeza.
       -¡Ático derecha!-grité sonriente.
Pasó al edificio, al rato llamó con tres golpes suaves a mi puerta, recogí todo deprisa y abrí bruscamente, ella sonrió y me abrazó para besarme.
La invité a pasar, se quedó de pie observando mi pequeña guarida y puso una cara extraña.
       -Huele a…
       -Pizza-dije.-En el edificio de atrás hay una pizzería, la ventana del baño da al callejón trasero y sube el olor… no me duermo un día sin soñar con pizzas gigantes…
Rió. Se quitó la chaqueta y la dejó cuidadosamente en el brazo del sillón.
       -¿Tienes hambre? Puedo llamar a los pizzeros si quieres, uno de ellos, Tino, es muy majo, me sube pizzas gratis, como indemnización por el olor.
Asintió.
       -¿Tienes algo de beber?-preguntó.
Le señalé la nevera y cogí mi teléfono de la mesita, marqué el número de la pizzería y mientras observaba como ella sacaba una botella de refresco casi vacía sonreí.
       -Pizzería Fuckencio ¿Dígame?-respondió una muchacha al otro lado del teléfono.
       -¿Diana?, soy Daniel, el del ático, ¿Está Tino por ahí?
       -Ah, Daniel, sí, un minuto.
Tras oír como de un grito llamaban a mi colega este respondió son su voz ronca.
       -¿Qué pasa, colega?
       -Tino, ¿Puedes subirme una pizza de barbacoa? tengo una invitada-dije.
       -¡Claro tío! Te subiré también algún vino, seguro que tienes la nevera desértica.
Reí.
       -Como quieras, te espero.
Colgué el teléfono y volví a dejarlo en la mesita.
Me acerqué a ella que aún inspeccionaba la botella y la rodeé por la cintura descansando mi barbilla en su hombro.
       -Deja esa botella, lleva ahí demasiado tiempo… he pedido una pizza y Tino nos subirá vino-le dije.
Dejó la botella en la encimera y acarició mis manos con sus fríos dedos.
       -¿Crees que será fácil que Marcos no se entere?-preguntó.
       -Humm… tú eres buena actriz y yo se ignorar muy bien.
Sonrió y la besé en la mejilla.
Llamaron a la puerta, abrí y me encontré con un sonriente Tino que llevaba una caja de pizza y una botella de vino tinto.
       -¿Quién es la afortunada, Don Juan?-preguntó mirando a Iris.
       -Es sólo una amiga, no pienses cosas raras-dije cogiendo la pizza.
       -Ya, bueno, no hace falta que pagues nada, invito yo… ya me contarás-dijo con una mirada pícara.
Puse los ojos en blanco y sonriendo cerré la puerta.
       -Ya tenemos cena-dije dejando la pizza en la mesa e intentando abrir la botella de vino.
Ella se sentó en el sillón y abrió la caja.
       -Tiene buena pinta-dijo.
       -En la Pizzería Fuckencio las cosas saben a gloria-dije descorchando la botella.
Rió.
       -¿Te pagan por hacer publicidad?-preguntó.
       -Ojalá…
Cogí unas copas y serví vino, le entregué una y tomó un pequeño sorbo.
       -Nunca me habían invitado a pizza y vino… es extraño-dijo.
       -¿Marcos no te ha invitado nunca a cenar?-pregunté cogiendo un trozo de pizza.
       -Sí, pero a restaurantes de lujo, siempre tengo que ir muy arreglada, cosa que odio y nunca hemos tenido un plan normal… Sí, me lleva a la ópera y al ballet, que me encanta pero nunca hemos paseado por la noche, ni hemos cenado en casa mientras veíamos una película.
       -Marcos es un nuevo rico, no saben lo que es disfrutar de la vida-dije.
Ella asintió y le dio un mordisco a su porción de pizza.
       -Flores, ¿Te regalaba flores?-pregunté.
       -No, odio las flores, en los ramos están muertas, sobreviven dos días más en el agua.
Asentí.
       -Eres difícil de complacer.
       -En realidad no, me conformo con una velada comiendo pizza, bebiendo vino y con una buena conversación-y rió.
Sonreí y me terminé mi porción de pizza.
Hubo silencio.
       -¿Vives sola o con Marcos?-pregunté.
       -Sola, mis padres viven en Oviedo, cuando mi padre se jubiló compró una bonita casa en la montaña, es precioso el paisaje, a mi madre le encanta. Yo vine a Madrid para estudiar y me quedé, es cierto que Marcos me ha invitado muchas veces a ir a vivir con él, pero nunca he aceptado, su casa es demasiado grande y lujosa, no encajo en esa vida.
       -Yo antes vivía así, en Burgos, mi padre es médico y mi madre es decoradora, tienen bastante dinero, cuando me hice escritor casi me echan de casa, querían que fuese abogado, mi hermano lo es y como era de esperar es el privilegiado, que Marcos me llamase fue una salvación para mí-le conté.
Terminamos de cenar y mientras acabábamos el vino de nuestras copas Iris se paseó por la habitación, examinó mis apuntes y descubrió algo que pareció interesarle.
       -¿Esta obra es tuya?-preguntó.
Me acerqué al escritorio y leí lo que le parecía interesante.
“Los ecos de las montañas clamaban su nombre, como cuando un niño llama a su madre desesperado, él se aferraba a su recuerdo, pensando que algún día volvería, sabiendo que se engañaba pero prefiriendo eso a morir de pena entre sollozos y nubes de sentimientos amargos que llenaban su alma y agujereaban cada parte de su ser”
       -Lo escribí hace años, cuando mi hermana murió, ella era la única de toda mi familia que entendía mis ganas de ser escritor, adoraba mis poemas y mis historias-expliqué.
Dejó su copa en la encimera y me abrazó.
       -Me suena de haberlo visto en algún periódico-dijo.
       -Me han publicado algunas veces en el diario “El público”, tal vez te suene por eso-dije.
Asintió.
Dejé mi copa junto a la suya y la besé, volvimos al sofá y se acurrucó a mi lado.

Desperté con la luz del sol, era molesta pero cálida, Iris estaba abrazada a mí, parecía una niña mientras dormía, acaricié su mejilla, suave y pálida, abrió los ojos.
       -Buenos días-dijo sonriendo.
Se desperezó y miró la hora en el reloj de su teléfono.
       -Como no nos demos prisa llegaremos tarde al ensayo-dijo.
Asentí y me levanté del sofá de un salto.
       -¿Vas a ir con la misma ropa de ayer?-pregunté.-Parecerá sospechoso.
       -No creo-dijo mirando su teléfono.-Tengo un mensaje de Marcos, anoche fue a mi piso, quiere saber dónde he pasado la noche.
La miré preocupado.
       -Oh, no te preocupes Daniel, tú mismo lo dijiste, soy actriz, sabré qué inventarme.
Asentí con un movimiento rápido de cabeza y me quité la camiseta, saqué una limpia del armario y me cambié rápido.

Al llegar a la puerta del teatro Marcos esperaba impaciente fumando.
       -¿Dónde estabas? Te he estado llamando toda la noche, estuve en tu casa y no había nadie-preguntó.
       -Me entretuve y perdí el bus, he pasado la noche en casa de una amiga, tenía el teléfono en silencio, lo siento-se disculpó Iris.
Marcos apagó el cigarro y la tomó por la cintura.
       -Estaba preocupado-dijo.
La besó.
Sentí una pequeña oleada de rabia, respiré hondo y lo ignoré.
Pasé al edificio sin mediar palabra y me senté en las escaleras del escenario mirando a los actores.
       -Hoy empezaremos a trabajar las escenas enteras con la música-dije abriendo mi libreto.-Lina y Maia a escena.
Subí al escenario y me senté frente al piano, Iris y Ana subieron y se colocaron la una frente a la otra.
       -Lina, si quieres triunfar, solo con tu voz no será necesario.
       -Pero es con la voz con lo que quiero triunfar.
       -Ah, pequeña, eres joven y guapa, los hombres se te rifarán, con un movimiento de caderas podrás tener el mundo a tus pies.
       -¿El mundo a mis pies?
Di el primer acorde con el piano y Ana comenzó a cantar, Iris la siguió con sus contrapuntos y terminaron la canción, ni siquiera me fijé en ellas, solo estuve atento a Marcos, su mirada no perdía los movimientos de Iris, la vigilaba.
       -Bien-dijo el director.-Muy bien, chicas, pero necesito mas sensualidad por parte de Maia, pero bien, no ha estado mal, ¿No crees, Daniel?
Levanté la mirada y asentí.
       -¿Qué tal si ensayamos la última escena en la que Iris se derrumba frente a Lucca?-preguntó don Marcel.
El actor que interpretaba a Lucca subió y abrió su libreto, Iris corrió hacia él y le agarró de los brazos.
       -¡Lucca! ¿Has visto lo que soy? ¡Esto es en lo que me has convertido! ¿Te gusta verme así? Cogiste a una pobre chica con sueños y se los destrozaste-su voz sonaba desgarradora.-Me has hecho morir por dentro… ahora solo soy una flor pútrida, antes tenía aspiraciones, ahora solo aspiro a poder seguir viva… aun que ya no tengo ganas de ello…-se desplomó.-¡Lucca! ¡Maldito bastardo! Me prometiste el cielo… y me has hecho vivir en el infierno, no mereces la vida más que yo… solo quise mostrarle mi voz al mundo… y he acabado siendo pasto de las hienas del espectáculo…
       -No me reproches algo de lo que no tengo la culpa, solo una niña ingenua se creería todo lo que dije, tan solo eres una ramera, vuelve a la calle y deja la vida para las personas humanas.
       -¡No! Tú eres el responsable de esto… por tu culpa me he convertido en una insignificante sabandija… ¡Solo tú eres el responsable de mi muerte!-Acto seguido subió su brazo derecho en alto y dibujó un corte con su dedo en la muñeca.
Calló al suelo sollozando y él la miró con desprecio, se marchó lentamente y con la cabeza alta.
Todos empezaron a aplaudir.
       -¡No!, nada de aplausos-dijo el director.- ¡Llora! ¡Tienes que llorar!
Iris se levantó del suelo y suspiró.
       -Don Marcel, llevo años intentando llorar en escena y no lo consigo-dijo.
       -Esta escena es inviable sin unas lágrimas-dijo el hombre.
       -¿Solo por eso?-preguntó Santi.-Lo ha clavado, señor, me ha hecho sentir como una mierda, ¿Solo por unas lágrimas la escena ya no vale?
Marcel me miró.
       -Lo ha hecho bien-dije.
Negó con la cabeza.
       -Sin lágrimas no hay escena-sentenció.
Iris resopló y bajó del escenario.
       -No pasa nada, podemos trabajar otras escenas ahora y profundizar en esa después-dije.- Las camareras y los directores subir a escena, practicaremos la crítica.
Subieron todos al escenario y se clocaron en sus posiciones.
Comenzaron a decir sus diálogos, miré a Iris, estaba sentada al lado de Marcos, este intentaba hablar con ella, pero ella no dejaba de mirar su libreto.
Comimos rápidamente y volvimos a ensayar las canciones grupales, Iris seguía enfadada, al terminar los ensayos me acerqué a ella.
       -Yo puedo ayudarte con esa escena-le dije.
Sonrió.
       -Imposible, es demasiado tarde para mantener el teatro abierto-dijo Marcos.
       -Pues en mi casa, no se necesita mucho espacio.
       -No, esta noche no puedo, tengo que ir a una reunión importante.
Iris suspiró.
       -Marcos, no tienes por qué estar conmigo en todo, no me pasará nada, déjame algo de libertad-dijo ella.
Él la miró serio y aceptó a regañadientes.

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