miércoles, 18 de enero de 2012

"No hay nada peor que saber que has perdido" Capítulo 6


Aquella noche me dediqué a organizarme, tras el estreno volvería a Nueva York, donde una vez estudié, allí me esperaba un pequeño apartamento en Brooklyn. Saqué mi billete rápido por teléfono e hice mis maletas.
Alguien llamó a la puerta.
Abrí con la esperanza de encontrarme a Iris, pero allí solo estaba Tino con una pizza y dos cervezas.
       -Hola… estaba preocupado porque hace días que no llamas a la pizzería, ¿Estás empezando a comer sano? Porque eres escritor tío, la paga no te da-dijo.
Suspiré.
       -Era una broma-añadió.- ¿Estás bien?
Le invité a pasar.
       -Mujeres, Tino.
Se sentó en el sillón.
       -Mujeres… el diablo escondido tras unas bonitas piernas y maquillaje-dijo.
Sonreí vanamente.
Cogí un trozo de pizza y le di pequeños mordiscos, no tenía hambre, hacía días que no probaba bocado, me pasaba las horas escribiendo.
Terminamos de cenar y Tino se despidió.
       -Tío, no lo pienses más, has más tías por ahí, eres un tío guapo y escritor, se deben pirrar por ti-dijo.
Sonreí y cerré la puerta.
Me senté en el sillón y cerré los ojos, volvieron a llamar a la puerta.
Abrí sin siquiera mirar a mi visitante.
       -¿Qué se te olvida ahora, Tino?-pregunté.
Levanté la mirada y vi a Iris empapada, vestida con un vestido azul, unos tacones altos y despeinada.
Se abalanzó sobre mí y me besó. Me quedé inmóvil.
       -Lo siento mucho, fue culpa de Marcos-dijo.
Comenzó a llorar.
Reaccioné y la abracé, cerré la puerta con una patada y la llevé hasta el sillón.
       -¿Culpa de Marcos?-pregunté.
       -Sí, me amenazó-dijo secándose las lágrimas.-Nos vio juntos, lo sabía y me amenazó con inculparte de algún delito o incluso me amenazó con matarte.
La abracé fuertemente.
       -Siento mucho todo lo que dije, nada era verdad, me estaba muriendo por dentro mientras lo decía.
       -Ya se acabó, no pasa nada.
La volví a besar.
       -Esta noche, me ha pedido que me case con él y entonces desperté, me negué a ser su marioneta y salí a la calle. Vámonos de aquí, Daniel, ¡Huyamos!
Resoplé.
       -Nueva York, he sacado mi billete, pensaba irme, tengo un pequeño apartamento, no más grande que este, pensaba en empezar de cero-dije.
       -Me voy contigo-dijo.-Nueva York es mi sueño… hay grandes oportunidades, es “el sueño americano”.
       -¿Estás segura de esto?-pregunté.
Asintió.
Cogí mi teléfono y le di a re-llamada, contestó la secretaria de Iberia que había cogido el teléfono antes.
       -Señorita, soy Daniel Macías, de nuevo, hace unas horas he reservado un billete a Nueva York, ¿Queda alguno más? Es urgente-dije.
       -Espere un momento… A la 1 de la mañana ha reservado usted, no quedan billetes libres-contestó ella.
       -¿Y en algún vuelo posterior?
       -Quedan solo billetes del vuelo de las 12 y media-dijo.-Deben estar en el aeropuerto una hora antes de facturar.
       -Señorita, me es imposible estar allí una hora antes, estreno una obra de teatro y acaba justo a las 12, ¿Podríamos facturar media hora antes?-pregunté.
       -Haré lo que pueda-dijo.-¿Cuántos billetes les reservo?
       -Dos, por favor.
       -Está bien, muchas gracias por contratar Iberia.
Colgué el teléfono.
Suspiré y la abracé.
       -Empezaremos una nueva vida-dije.
Se quitó los zapatos y se acurrucó a mi lado, poco a poco se quedó dormida y la llevé a la cama.
Me senté en mi escritorio y no pude evitar que las lágrimas resbalasen hasta caer en la mesa.
Noté sus brazos abrazándome.
       -¿Te he despertado?-pregunté secándome las lágrimas.
       -No importa-dijo.
Se sentó en mis rodillas.
       -La obra está basada en una historia real-dije al fin.
Se sorprendió, pasó sus delgados dedos por mis mejillas.
       -Mi hermana, se llamaba Catalina, yo era el único que la llamaba Lina, la obra es real, la última vez que estuve en Nueva York fue por ella, fui a estudiar, ella me acompañaba con la intención de ser cantante, trabajó en un café de jazz, allí conoció a una chica, Mary, no Maia, el director no se llamaba Lucca, sino Agustín, era venezolano, no italiano, mi hermana acabo cambiando poco a poco, yo no me di cuenta de ello, estaba tan centrado en mis estudios, acabó suicidándose frente al venezolano, él abandonó el cadáver, yo me encargué de pagar el traslado a España-le conté.
Se quedó muda.
       -Y decidiste escribir su historia-dijo tras el silencio.
Asentí.
Me besó y me abrazó fuertemente.
       -Estaría muy orgullosa de ti, yo lo estoy.
Sonreí.
La llevé a la cama de nuevo y me tumbé a su lado, me abrazó y puso su cabeza sobre mi pecho.
Noté como si un peso enorme saliera volando de mi interior, volvía a estar completo, podía respirar de nuevo.

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